CÓMO RUT FUE ELEGIDA SECRETARIA DE LA CLASE

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Hasta hace poco, a Rut le había gustado la escuela dominical, casi siempre. Pero ahora . . .

 

     Y no fue solamente por las bromas de Memo la semana pasada. Muy adentro le gustaban las bromas de ese muchacho, aunque nunca jamás lo admitiría en voz alta. No, su problema fue muy diferente esta vez.

 

     Se suponía que estaba estudiando para un examen de español, a solas en su recámara. Pero ¿quién podría concentrarse en la ortografía ahora? Mientras jugaba con su largo cabello castaño, sólo podía pensar que esta noche iba a ocurrir la última reunión social de todo el año escolar, ¡y a lo mejor ella tendría que perderla!

 

     Sus pensamientos dieron vueltas y vueltas mientras miraba por la ventana a la pared de los vecinos. A ver, ¿por qué la clase de escuela dominical de la Iglesia tenía que escoger precisamente este viernes para reunirse? ¡En el año había nada menos de cincuenta y dos viernes! Pero tenía que ser hoy, el día en que ella esperaba, soñaba, oraba para ser elegida secretaria de la clase de la secundaria para el próximo año. ¿Por qué no podía ser cualquier otro viernes? ¿Por qué? Se iba a arruinar sus esperanzas de ser reconocida por sus compañeros. Era cruel, malvado, inconcebible. Nunca en sus catorce años se había sentido tan miserable, tan confundida. Bueno, casi nunca.

 

     “¡Oye Rut!” gritaba su mamá de repente desde la cocina. “No te escucho haciendo nada. ¿Ya planchaste tu blusa para esta noche?” Por los olores, parecía que trabajaba en algún proyecto especial de alimentos. Un rico pastel. . . uum.

 

     “Allí voy, mamá”, respondió.

 

     Otra complicación. Su mamá no sabía nada del asunto de la escuela dominical. Quién sabe cómo, pero Rut no le había comentado nada acerca de la reunión de la Iglesia. Si se enterara, obviamente insistiría en que Rut fuera a ese evento, no a la de la secundaria. Su familia siempre ponía en primer lugar los asuntos del Señor.

 

     Bueno, lo que la gente no sabe no les hace daño, alguien había dicho por allí. Pero Rut empezaba a sentirse un poco tramposa.  Había llegado el momento de tomar una decisión definida, irrevocable e inmutable. Una vez que decidiera, no podría volver atrás. De repente cogió una hoja de papel y una pluma y escribió dos títulos: Escuela,  a un lado, y Escuela dominical, al otro. Chupó su pluma durante algunos minutos. Entonces apuntó:  La decisión final.

 

     Creía firmemente en considerar todos los aspectos de un problema y luego hacer lo mejor. Pero por alguna razón, no se le ocurrió ninguna cosa para apuntar. No podía pensar en otra cosa más que la elección de la clase de la secundaria.

 

     Sería su única oportunidad para demostrar que era una chica simpática, amigable, divertida, líder y todo lo demás. De otro modo, ¡nadie la tomaría en cuenta! Además, todos los muchachos interesantes de la escuela estarían allí. Sin duda Memo escogería la secundaria mejor que la Iglesia,  y Sami le había comentado de paso si la vería el viernes en la reunión.  Sobre todo, ¡sus amigas Carina y Dorcas habían ofrecido recogerla en el nuevo Lincoln de su papá! Ya Carina tenía un permiso para manejar.

 

     Por otro lado, lo de la Iglesia. La clase había estado estudiando acerca de la necesidad de compartir el Evangelio y alguien (de hecho, Rut misma) había sugerido la brillante idea de repartir revistas Prismas en todas las casas del nuevo bloque de casitas al oeste de la ciudad, incluyendo con la revista una atractiva invitación para las actividades de la Iglesia. La señora Cabezas había aceptado la idea y este mismo viernes planeaban repartir las revistas con las invitaciones, seguido de una cena y algunos juegos en su casa.

 

     En el momento sonaba bien. Pero luego uno de los muchachos le recordó que no sería tan fácil entregar una revista cristiana a una enojada ama de casa con una escoba, o a algún joven de su edad que le haría burla. Y por supuesto, hasta que se daba cuenta del conflicto con la escuela.

 

     Así estaban las dos alternativas. Rut escondió su rostro en las manos. La primera alternativa involucraba un evento totalmente placentero, con la oportunidad de hacer un poco de política. La segunda – bueno, un cierto grado del deber cristiano y quizá un poco de placer al final de la noche.

 

     Si iba a la reunión de la secundaria quizá lograría ser elegida como secretaria de la clase, y sería una buena cosa tener una secretaria cristiana, desde luego que sí. Además, los otros jóvenes en la clase de la escuela dominical fácilmente podrían cubrir todas las casas en el nuevo fraccionamiento habitacional sin la ayuda de ella . . .

 

     Estaba meditando todavía cuando el teléfono interrumpió sus pensamientos. ¿Quién sería?  Mil ideas en conflicto invadieron su cerebro. ¿Qué tal si era la señora Cabezas pidiendo a su mamá algo acerca de la reunión de esta noche? ¿O quizá Sami ofreciendo traerla a casa después de la escuela? ¿O las niñas cancelando después de todo?

 

     “Rut, ¡es para ti!” gritó su mamá. “Pero no hables mucho. Se te hace tarde”.

 

     Las manos de Rut temblaban un poco al recoger la extensión. “¿Bueno?”

 

     “Oye Rut, habla Fabiola”. La voz sonaba emocionada. “¿A qué hora debemos llegar a la casa de la señora Cabezas? Se me olvidó y también a Mari. No queremos llegar tarde. Tuviste una gran idea”.

 

      “Creo que a las 6, ¿no?”

 

     “Gracias, solo necesitamos saber la hora. Nos vemos en un ratito. ¡Hasta luego!”

 

     Rut se sentía un poco culpable. Pero a la verdad, Fabiola no le había preguntado específicamente si iba a participar en el proyecto. No había mentido. Y hasta ahora su mamá no sabía nada, por fortuna.

 

     Fue al closet y escogió una blusa azul que le hacía sentir muy bien, y fue a la cocina. Tal vez podría decidir finalmente qué hacer al estar planchando.

 

     Su mamá estaba midiendo azúcar para alguna receta. ¡Era una mujer tan buena! Casi todas sus amigas se quejaban de sus padres, pero la mamá de Rut –que era viuda—siempre le comprendía y le ayudaba. Con una madre como la suya, sería muy difícil escoger un camino equivocado.

 

     “Mamá”, dijo de repente, “tengo un problema acerca de esta noche”.

 

     “¿Qué te pasa?”

 

     “Oh, quiero tantísimo ir a la reunión en la secundaria, pero la clase de escuela dominical también tiene un evento muy importante y no sé qué hacer . . . Yo sé lo que tú me dirías, pero . . . “

 

     Su progenitora sonrió. “Pero quisieras ir en contra de mí alguna vez, ¿verdad? Lo puedes hacer, sabes”.

 

     “No, no me malentiendes. ¡Pero  tengo tantas ganas de ir a la secundaria! No te imaginas. . .”

 

     “Bien, hijita, he estado pensando qué harías desde que me llamó la señora Cabezas el otro día y me pidió ayudar con la cena esta noche. Sabía que en algún momento me ibas a confesar cómo te sentías”.

 

     “Quieres decir . . . ¿tú sabías todo este tiempo que yo tenía este conflicto? ¿Por qué no me dijiste nada?”

 

     Su mamá le tocó cariñosamente el rostro. “Sabía que harías lo que el Señor quiere, Rut, aunque por el momento te pueda parecer como un sacrificio. Nunca lamentarás haber sacrificado nada si es para Dios;  de alguna manera él te lo premiará de manera más profunda, más feliz. Pero yo no te voy a estorbar si decides ir a la secundaria, de verdad”.

 

     “¿No te sentirías como que te he desobedecido?”

 

     “No, tú no eres ese tipo de muchacha. Y te seguiré amando de todo corazón, no importa lo que decidas. Recuérdalo siempre”.

 

     Su mamá salió y Rut terminó la planchada. Poco a poco su mirada se enfocó en un cuadro que había estado en la pared desde que vivía su papá, que decía:  “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Leyó cada palabra con una extraña concentración.

 

     “Bien, Señor Jesús, me doy”, susurró. Quince minutos más tarde estaba caminando rumbo a la casa de la señora Cabezas, cargando los pasteles que había hecho su mamá y sintiéndose muy bien.

 

     Más tarde aquella noche después de visitar el nuevo fraccionamiento y repartir 200 revistas y mientras saboreaban los alimentos, de repente Memo le miró con una mirada especial y dijo:  “Sabes, Rut, yo sabía que vendrías aquí en lugar de ir a la secundaria. Por eso vine yo también”.

 

     Rut estaba totalmente sorprendida. Entonces de repente gritó Fabiola:  “Saben, muchachos, me estoy acordando de que es tiempo para elegir la nueva directiva. Quiero proponer que Rut sea nuestra presidente, porque fue ella que tuvo la idea de repartir las revistas y fue todo un éxito. Sí, ¡Rut para presidente!”

 

     Inmediatamente se escuchaba un coro de treinta gargantas. “Sí, sí, ¡Rut para presidente!”

 

     Casi de inmediato Rut reaccionó. Agarró una silla y subió sobre ella, llena de emoción, y empezó a hablar con una voz exageradamente formal:  “Compañeros y compañeras, agradezco de todo corazón el honor que me quieren conceder, pero quiero confesar algo. Existe una razón muy especial por la que preferiría que me nombraran secretaria, no presidente. ¿Puedo solicitar a la asamblea que reconsidere la proposición?”

 

       El grupo cambió su clamor en seguida:  “Sí, sí, ¡Rut para secretaria!”

 

       Sonó maravilloso. Rut se sintió a punto de explotar de alegría. Todo había sido perfecto esta noche, empezando con la repartición de las revistas y el gozo que sentía al estar compartiendo el mensaje de Cristo, y ahora la fiesta. . . La vida le sonreía.

 

      “Saben, debemos elegir al presidente, y entonces, ¡a jugar más juegos!” dijo con su nueva voz de mando, y todos dijeron que sí. Rut estaba completamente contenta.

 

Éxito es: conocer nuestro propósito en la vida, crecer para alcanzar nuestro máximo potencial y sembrar semillas que beneficien a los demás.

 

 

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